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Lumar Guittard: La venezolana que desafía las olas

El Nacional Todo en Domingo – Domingo 10 de Junio de 2012 TODO EN DOMINGO/18

Reportaje

Lumar Guittard no sólo ocupa el cuarto lugar en el ranking mundial femenino de bodyboarding (una modalidad de bajo perfil dentro del arcoíris del surfing), sino que ejerce de fundadora y organizadora de la válida venezolana del campeonato del orbe que este año se celebrará del 20 al 23 de septiembre en Margarita. Aquí cuenta su pasión de retar el mar sobre una tabla

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Alexis Correia alexiscorreia@gmail.com
Fotografías
Guillermo Felizola
guillermofelizola@gmail.com
Maquillaje
Jesús Cedeño
(0414)180 8525

Producción Marisela Delgado mardelgado@el-nacional.com



El redactor de este texto confiesa que no sabía nada del bodyboarding venezolano y que, cuando recibió por mensajería de texto la sugerencia de hacerle un reportaje a “Lumar Guitar”, pensó que era el nickname de la campeona de un videojuego estilo Rock Band.

Su apellido realmente se escribe Guittard: lo lleva una atractiva ingeniera química de cabello rubio quemado y un cuerpo más trabajado que el de Madonna en el videoclip Vogue, pero que cuando habla parece a punto de que se le escape en cualquier momento un margariteñísimo “¡di-di-di!”, debido a la hospitalario atropellamiento de su acento oriental. Su mamá es de Caripito y su papá, francés.

Guittard debería ser tan reconocida como Pastor Maldonado, Greivis Vásquez, Juan Arango o Miguel Cabrera: actualmente ocupa el cuarto lugar del ranking mundial de su deporte. Pasa más días en un gimnasio de Las Mercedes desarrollando habilidades y músculos específicos que en la playa. Además, exprime la agenda para ejercer de instructora de principiantes y organizadora del evento anual más importante del body boarding en Venezuela: una válida de la Copa del Mundo que se celebrará del 20 al 23  de septiembre en Playa Parguito, Margarita.

En la portada del cuaderno de un liceísta o en películas como Punto de quiebra, el atleta de shortboarding (tabla corta) que se equilibra de pie sobre una ola es la imagen más mercadeable del surfing, pero este deporte tiene otras cuatro modalidades: longboarding (con tablas de 3 a 5 metros de longitud), kneeboarding (en posición de rodillas), paddlesurfing (se usa un remo) y finalmente el bodyboarding, donde el surfista calza chapaletas para generar velocidad al aproximarse a la ola y maniobra acostado boca abajo sobre una tabla muy pequeña (aproximadamente un metro de longitud), similar a las de anime de los niños.

Huecas, por favor.
“Hay short-boarders, afortunadamente unos pocos, que dicen que sólo lo que ellos hacen es surf y que el bodyboard es la tabla para las mujeres y los niños”, suspira la fundadora de la empresa familiar Producciones Lumy, de la que forma parte su gemela Annabelle, también atleta de alta competencia tanto en bodyboarding como en ciclismo de montaña. “Ha sido una cuestión de mercadeo generada en Estados Unidos, específicamente en California”, la tierra de los Beach Boys.

“Pero los bodyboarders volamos tan alto sobre el mar y somos tan radicales como los shortboarders.

A los que afirman de manera despectiva que solamente surfea el que va parado, los retaría a correr una ola con la agresividad con que lo hacemos nosotros”.

Criada en Caracas, los recuerdos de infancia que vienen a la mente de Guittard son los de pelear con su hermana Annabelle en La Guaira o durante las vacaciones en Margarita, por la posesión de una tablita de anime que nunca quedaba entera para contar un nuevo día, convertidas ambas en sirenitas remojadas en salitre que apenas salían del mar desde las 8 de la mañana hasta que las agarraba la noche.

“A los 12 años ya tenía conciencia de que había un deporte distinto al surfing habitual: el bodyboarding.

Es cierto que el tamaño de nuestra tabla nos limita para acometer olas de más de seis metros de altura: más que olas muy altas, buscamos olas tubulares, muy huecas, como las que se generan en Cuyagua, mi lugar favorito en Venezuela. Fuera del país me quedo con Hawai: tiene un paisaje como el venezolano pero con unas olas perfectas todo el tiempo. Además el estilo polinesio de vida se parece a mí”.

“Surfear parece un acto de rabia, pero desprende la misma energía que hacer el amor”, decía Tyler, el personaje femenino de Punto de quiebra, una película de 1991 donde se concluye que cabalgar una ola es una sensación superior al sexo. Guittard lo pone así: “Lo que más me gusta del bodyboarding es que, como voy acostada, veo la ola mucho más grande, así sea de 3 pies de altura. Con las chapaletas controlo más mi velocidad. Y para Venezuela el bodyboarding es perfecto, porque las olas no todo el tiempo son grandes. Es el deporte que me podía divertir más dentro de las opciones que había”.

A regañadientes confiesa que está en un punto más cercano de los 30 que de los 40 años. “El hawaiano Mike Stewart, el atleta más grande de la historia del bodyboarding con 9 títulos mundiales, tiene 48 años y aún está entre los mejores.

Es un deporte sin edad, aunque la experiencia endurece tu mente: cuando tenía 18 años, veía a mi lado en el agua a una campeona mundial y me asustaba, no sabía cómo actuar. Pero hoy en día para mí las rivales son solo colores. Los puntos ya no me dan para ganar el tour del mundo en 2012, pero sí para quedar al menos tercera, y sé que le puedo ganar a la número uno. Las más duras internacionalmente son las brasileñas como Isabella Sousa (primera del ranking) y Neymara Carvalho (quinta, inmediatamente detrás de Guittard en un deporte de apreciación donde los jueces valoran la dificultad de las maniobras), pero si Brasil no tiene unas olas mejores que las de Venezuela, ¿por qué no podemos vencerles?”

Una colonia de bebé.
Comercializar una colonia para bebé sin alcohol: en eso consistió su tesis de Ingeniería Química en la Universidad Metropolitana y luego de esa experiencia, así como de las enseñanzas de Gerhard Weil (hijo del músico Gerry Weil e instructor y dirigente de surfing), le agarró gustico al mercadeo. “Venezuela nunca había tenido un campeonato de bodyboarding ni siquiera de nivel latinoamericano, y yo quise hacer algo para mi país. Es muy triste competir fuera de Venezuela y viajar sola. Si los venezolanos no podían salir, entonces había que traerles aquí el bodyboarding. La única manera de atraer medios de comunicación es creando eventos. Para mí fue una satisfacción que Sergio Alonzo, un muchacho margariteño cuya mamá fríe empanadas en Playa Parguito, le ganara en 2007 a Mike Stewart. Este año en la válida nacional aspiramos a una bolsa de premiación de 70.000 dólares. Cuando viajé esté año a la copa del mundo de bodyboarding en Australia, ¡habíamos 18 venezolanos! No podía creerlo. ¡Si para ir a Australia tienes que tramitar una visa en Chile! Y la mayoría éramos mujeres”.

Guittard defiende la profesionalización del surfing. “Un surfista no es un vago que está todo el día sin hacer nada en una playa. Para hacer este deporte tienes que saber física: cada movimiento tiene una lógica científica, y si no la aplicas, te caes de la ola. Me gusta ayudar a los muchachos que están empezando, pero solamente si estudian”.

Su día comienza a las seis de la mañana, cuando deja de ser ella y se convierte en Producciones Lumy: mientras se echa una escapadita para la entrevista, su teléfono no deja de repicar y sigue buscando patrocinantes para la válida mundial de septiembre. Cuatro días a la semana practica disciplinas como yoga y TRX (suspensión en cuerdas) que le ayudan a ganar coordinación y balance: “Ahí en el gimnasio sí me enfoco y me digo: adiós evento y adiós todo”. Los sábados y domingos están apartados para el bodyboarding: en la mañana imparte la teoría a sus alumnos, pero al mediodía no hay quien la sujete para que no huya con su tabla a ejercer la práctica y disolverse en un cósmico vaivén.

El riesgo de asfixia por inmersión es el pan de cada día para un surfista, admite: “La primera vez que fui a competir a México, mientras esperaba mi turno, vino un set de olas muy grandes, de 5 metros o más de altura. Me quedé paralizada, como si viese un edificio que me iba a caer encima. Después de la primera ola, vino una segunda y una tercera, y ya no tenía fuerzas para respirar. Cuando logré llegar a la playa, mi entrenador me dijo: `Si quieres ser una profesional, tienes que volver ahora mismo al agua’. Debía superar el miedo y entender que el mar es un ciclo: te revuelca contra al fondo, pero luego te permite salir, y tienes que relajarte porque consumes el doble de oxígeno cuando pierdes el control emocional. Volví al agua. Entonces tenía 18 años. Y no he dejado mi deporte”.




Fuente: http://impresodigital.el-nacional.com/suplementos/2012/06/10/images/20120610_TODO1_22_1_G1.jpg

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Esta entrada fue publicada el 11 junio, 2012 por en Deportes.
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